Una de las cosas que más jode mientras te hacen una entrevista de trabajo -a veces para un puesto que ni siquiera te interesa- es darte cuenta de que la persona que te está entrevistando es una imbécil. Da rabia, porque te tiene cogida por los huevos -o eso cree-, y no puedes evitar tener que dirigirte a alguien que sabes que es subnormal. A mí me pasa -últimamente estoy buscando curro y he hecho unas cuantas- cuando interpretan mal lo que digo. Es: “cómo puede ser tan idiota de pensar eso”.
Verán, mi teoría es que algo parecido pasa con las salidas desesperadas. Hace poco, en un local que todos conocemos, una salida intentó ligar conmigo -soy bi, sí, lo sabe mi familia- y se puso a hablarme. En la conversación conté algo sobre las exposiciones que había visto y las que quería ver. La muy retrasada pensó que estaba tratando de impresionar para llegar hasta ella. Y hay que ser muy gilipollas para leer eso. Pero mucho. Estoy en paro, tengo demasiado tiempo libre y busco cosas que hacer. Es curioso, porque aquella chica me parecía a mí que me tenía pillado el pulso, por alguna de las cosas que había dicho sobre mí, pero sandeces como esa sólo se le pueden ocurrir a una cerebrofrigopié de primera categoría. En fin, no tan lista como yo pensaba.
Pero es que hay más. Verán, lo de que me tenía pillado el pulso una lo piensa porque coincide y tiene razón en algunas de las cosas que dice, pero lo cierto es que es más bien al revés. Al parecer, soy yo la que la tengo calada a ella. Lo de salida desesperada no lo digo por decir. La insatisfacción sexual se muestra en muchos sentidos. Uno de ellos, el de reducir todo al sexo. Me contó lo siguiente: verán, hace poco preparó una fiesta con amigos y al parecer uno de los invitados hizo algo que no debía, se comportó de forma inesperada y quiso echar a todo el mundo. Su explicación del asunto fue “es por el sexo, el onanismo o algo así”. Pero vamos a ver: de entre todas las muchas razones que pudo haber para que la fiesta no saliera como se esperaba -la imagen, la tensión, la vergüenza por la habitación de la fiesta, qué se yo- a ella sólo se le ocurre que tiene que ser el sexo. De qué pie cojean las salidas lo sabemos todos -hey, y no seré yo quien diga que no me muero por un buen polvo- pero es que lo de esta tía es de reformatorio por ninfómana. No todo es sexo, querida. No todo. Ni siquiera es lo que más importa. Reordena tus neuronas, disimula un poco tus impulsos y empieza a usar el cerebro para algo que no sea ver el sexo en cada comportamiento. Necesitas que te den caña a ver si tienes un orgasmo de una vez… que parece que hace mucho que no sabes que es eso. Si es que alguna vez lo has sabido, a juzgar por las cosas que dices.
En fin, la situación se repite en muchos campos: malinterpretan lo que dices y haces y revelan subnormalidad en sus lecturas. Volviendo a lo de querer impresionar, una se pregunta cómo es posible querer usar eso para llegar a algún lado, cuando resulta que no quieres ir y lo que quieres es distraerte con otra cosa. Pero claro, los ladrones piensan…